(Por Ana Domínguez)

 

Más allá de su valor de mercado, del dinero que pagas por ellos, los productos que compras tienen un coste para el planeta y la sostenibilidad del medioambiente. La ingente red de interacciones necesarias que envuelve cualquier artículo de consumo que encuentres a tu disposición allá donde estés conlleva que, con tus elecciones, favorezcas unas políticas de mercado u otras.

Escoger productos de proximidad, tejidos no contaminantes, agricultura ecológica, comprar de manera consciente. Si en lugar de dejarte llevar sólo por las marcas que tienes más presentes en tu memoria, te paras a pensar qué artículos y servicios se adecuan mejor a los valores en los que crees, lo que es el paso previo para defenderlos, estás cometiendo un acto de revolución hoy en día. Cada decisión de elección o rechazo que realizas en un mundo de consumo tiene consecuencias más allá de la transacción que supone una mera compra.

 

consumismo

Tu consumo, tu arma, tu poder, tu voto.

 

Bien es cierto que, se deberían favorecer políticas internacionales que fomentaran, desde un marco legal, que los productos vinculados a una economía sostenible fuesen más accesibles. Ha habido intentos a este nivel pero de momento la presión de los lobbies es más fuerte que el cambio de paradigma en lo que a conciencia colectiva se refiere. Tal vez interesa, según a quién, que los valores dominantes sean el enriquecimiento desmedido con el mayor beneficio posible al menor coste, en vez del cuidado conjunto del planeta y la solidaridad con nuestros congéneres.

Pero si el cambio ha de comenzar por uno mismo tratando de llevarlo hasta donde sea posible en nuestro radio de acción, tomarnos un momento antes de decidir qué opción nos satisface más, según nuestras creencias y actitudes, es una forma de incidir de manera directa en todo aquello que nos rodea. Como bien dice Zygmund Bauman (Vida de Consumo, 2007), en sí mismo el consumo es un acto inherente a la vida, desde el primer aliento somos un Homo consumus con necesidades que van desde oxígeno y alimento a zapatillas deportivas y viajes. De manera que, en todos estos actos cotidianos reside un gran poder, silencioso pero constante y veraz; y en cada discriminación positiva hacia una u otra empresa en función de su compromiso social o de su línea de actuación corporativa se produce una trascendencia desde el punto de vista social, medioambiental, económico y político.

 

Tomarnos un momento antes de decidir qué opción nos satisface más,
según nuestras creencias y actitudes, es una forma de incidir
de manera directa en todo aquello que nos rodea

 

Pero hacer un ejercicio de consumo responsable en nuestros actos de compra y contratación de servicios diarios no es tan fácil. El hecho es paradójico, en un mundo globalizado donde estamos casi siempre expuestos a una altísima carga de información publicitaria nos faltan datos de mayor relevancia para tomar nuestras decisiones de manera más consciente. Es importante que las personas conozcamos las reglas de los juegos comerciales a nivel mundial para poder, individualmente, y de manera colectiva, incentivar que se desarrollen políticas que aboguen por una mayor justicia social. Busca información acerca del origen y proceso de aquello que eliges, es inevitable caer en contradicciones pero se puede ser un poquito más conscientes, críticos, responsables, incluso solidarios cada día.

Siguiendo el estilo interrogante que nos caracteriza, con no otro objetivo que tratar de crear debate, dudas o reflexiones, os dejamos algunas cuestiones. Nos encanta saber qué opináis. Además, si os ha interesado el tema os dejamos un par videos cortitos e interesantes de campañas sobre el asunto que hemos encontrado en la red.

 

¿Cómo puede un individuo aislado, a través de sus ejercicios de consciencia
y responsabilidad diaria, influir en los cambios a nivel global?

 

¿Cómo puede un individuo aislado, a través de sus ejercicios de consciencia y responsabilidad diaria, influir en los cambios a nivel global? ¿Es posible incidir desde nuestro lugar de consumidores en las decisiones que se llevan a cabo por las estructuras gubernamentales?¿Qué medidas sería necesario tomar para comenzar a despertar de la anestesia general en la que nos encontramos como consumidores? ¿Creéis que sería posible en nuestros días diseñar estrategias de lucha colectiva contra la injusticia social a través de acciones coordinadas relacionadas con el consumo o la ausencia del mismo? ¿Hasta qué punto hace falta construir una identidad de comunidad frente al individualismo que nos aísla, desprotegiéndonos y dejándonos más indefensos frente a los caprichos de las grandes compañías?


Ana Domínguez

(Psicóloga. Colabora con Cerocoma,
blog de ADERAL branding).